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lunes, 6 de agosto de 2012

Los banqueros y los intereses

Los últimos días leí una noticia relativa al presidente del Banco Central Europeo (enlace aquí) cuyo título es: "La UE investiga a Draghi por conflicto de interés". La verdad es que el detalle de la noticia me resulta chocante, y me recuerda a lo que menciono en mi libro Las aristas borrosas del éxito (enlace a amazon.es) en varios aspectos.

Al parecer, la Unión Europea ha abierto una investigación tras recibir una carta del defensor del pueblo europeo, quien a su vez recibió una reclamación de algún ciudadano. Todo ello -reclamación, carta e investigación- tiene como motivación la pertenencia de Draghi, quien ya ocupa un cargo público muy destacado, a otra organización con intereses no tan públicos. Se trata del G30, organización que agrupa a personalidades del mundo financiero: expresidentes de bancos públicos nacionales y supranacionales, exdirectivos de importantes bancos de negocios, antiguos ministros de finanzas, y otros. Este grupo se autodefine como una entidad privada sin ánimo de lucro, una de cuyas misiones es emitir recomendaciones para los organismos públicos y privados. En la página de miembros, sin ningún pudor, se muestra la pertenencia al mismo del actual presidente del Banco Central Europeo, así como de otros presidentes de bancos nacionales en activo. Se trata de unas pocas excepciones, ya que el resto de miembros se encuentran trabajando en el sector privado.

El G30, como resulta fácil deducir, es lo que corrientemente se conoce como lobby, es decir, un grupo con influencia en las administraciones públicas dedicado a conseguir decisiones favorables a sus intereses. Se trata de organizaciones totalmente legales, y con especial arraigo en USA, donde precisamente se fundó el grupo que nos ocupa.

En cualquier caso, respetando la legalidad de estas organizaciones, lo que resulta inadmisible es que cuenten entre sus miembros con destacados cargos públicos -presidentes de bancos nacionales, y también supranacionales- cuando se trata de organismos con evidentes intereses privados. Aunque no lo manifiesten de forma explícita, resulta difícil atisbar siquiera un ápice de altruismo cuando uno se imagina a todos estos ex altos cargos reuniéndose en exclusivos centros de convenciones, alojándose en hoteles de cinco -o más- estrellas y acudiendo a lujosos restaurantes.

Volviendo a la noticia, es difícil entender cómo se puede nombrar a una persona presidente del Banco Central Europeo conociendo su vinculación con el sector privado. O, al revés, cómo un presidente de una importante entidad bancaria pública puede ser nombrado miembro de un lobby. En cualquiera de los dos casos, se trata de puestos destacadísimos, los cuales deberían ser incompatibles por principio. Deberían.

El hecho de que, bastantes meses después del nombramiento de Draghi como presidente, se sospeche de que puede haber conflicto de intereses por su vinculación a un lobby financiero, me vuelve a generar muchas dudas sobre el sistema, y sobre las personas, como decía en mi anterior entrada en este blog. Me hace pensar en quiénes están realmente detrás de los nombramientos de muchos de los altos cargos que nos gobiernan.