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jueves, 22 de noviembre de 2012

Mourinho: hombre récord, vida social, Guardiola y el Barcelona


Hoy, en contra de lo que suele ser habitual, voy a hablar de una noticia deportiva que, en apariencia, podría no tener nada de especial. Se llama “El momento prohibido de Mourinho” (enlace aquí), y relata la rueda de prensa que José Mourinho dio esta semana en Manchester, el día anterior al partido entre el Real Madrid y el Manchester City. El título hace referencia a que, cuando el entrenador portugués recordó sus mejores y sus peores momentos en los 100 partidos de Champions League que cumplía, dijo que uno de los peores momentos tiene prohibido comentarlo. Como siempre que comparece ante la prensa, es fácil extraer titulares de sus declaraciones, bien de lo que dice explícitamente, como de lo que sólo insinúa –lo que ocurrió aquí-. Para mí hay varias de las cosas que dijo que me sugieren una pequeña reflexión. Además, dado que mi libro, Las aristas borrosas del éxito (enlace aquí), trata de muchas cosas que se nos ocultan pero están detrás de la realidad que todos podemos ver, voy a comentar la noticia desde este punto de vista.

En primer lugar, una introducción sobre el personaje –que no la persona-, es decir, sobre lo que podemos percibir las personas que sólo sabemos de él por los medios. Para bien o para mal, los personajes públicos tienen varias facetas: la pública, que se transmite a millones de personas; la privada profesional, que se transmite a aquéllos con los que interactúan en su trabajo; y también la íntima, que muy pocos –familia y amigos fundamentalmente- conocen. Es importante realizar esta distinción, porque aquí hablaré de las dos primeras: de su imagen pública, que nos llega profusamente, y de la segunda, de la que sólo recibimos retazos a través de los medios de comunicación.

Cuánto se sabe sobre la persona a partir de la faceta pública –en su caso, partidos y ruedas de prensa- es bastante subjetivo, cada uno tiene su opinión. Pero, en el fondo, es algo parecido a pensar que, en su vida normal, un actor tiene la personalidad de los papeles que interpreta. El mismo Mourinho dice, en esta otra entrevista titulada “Odio mi vida social” (enlace aquí) lo siguiente: “La gente no me conoce. Conocen al entrenador, y especialmente al entrenador durante 90 minutos. Y durante 90 minutos, no estoy para pasarlo bien. Pasarlo bien es una consecuencia. Estoy allí para hacer mi trabajo; estoy allí para ganar”. Y, más adelante, en la misma entrevista, muestra las dificultades de combinar las facetas mencionadas antes, narrando las dificultades de acudir a ver a su hijo jugar al fútbol, como cualquier padre: “La gente tiene que venir a hacerse fotos; la gente tiene que venir a pedir autógrafos; la gente tiene que venir a insultarme; la gente tiene que ponerse detrás de la portería de mi hijo e insultar a un chico de 12 años”.

En cualquier caso, ateniéndonos a su imagen pública, lo que queda claro es que José Mourinho muestra una personalidad arrogante. Transmite una sensación de sentirse superior a los demás, de creer que es mejor que el resto. Lo cual, en el ámbito en el cual desarrolla su trabajo –el europeo-, genera rechazo. Y además se trata de un rechazo generalizado, tanto entre seguidores como adversarios de su equipo. Es decir, si pudiésemos hacer una encuesta en todo el país: preguntando simplemente: “En general, Mourinho te parece simpático, o antipático?” creo que triunfaría sin duda la opción de antipático.

Capítulo aparte ocupan los motivos por los que él pueda pensar eso. ¿Es un profesional de éxito? Sí, sin duda. Bajo su dirección, sus equipos –Oporto, Chelsea, Inter y Real Madrid- han batido diferentes récords, propios o de la competición que estuviesen disputando –en España, véanse las cifras del último campeonato de Liga-. Llegó a Madrid en verano de 2010, y hace unos meses se ha anunciado la renovación de su contrato hasta verano de 2016. Aunque las cifras nunca están del todo claras, se habla de que ganará 11 millones de euros por año. De modo que, en principio, puede pensarse que tiene sobrados motivos para sentirse mejor que el resto. Aunque eso es un sentimiento, y la ostentación pública es otra cosa diferente. Y, como decía antes, es la imagen que transmite públicamente la que hace despertar un sentimiento de antipatía.

Pasando a otra faceta, la privada-profesional, es fácil leer cada cierto tiempo elogios hacia él por parte de colegas de profesión, o de jugadores que han estado bajo su dirección. Y, ciertamente, es muy raro leer críticas de quienes le han tratado personalmente en el ámbito profesional. En general, se puede decir que las alusiones a Mourinho “fuera de un contexto” –es decir, intemporales- son positivas, mientras que las negativas suelen ser realizadas en el marco del próximo partido, o bien del último partido disputado, lo cual puede hacer pensar que esas opiniones tienen más implicaciones que la pura opinión de un profesional sobre otro.

Entrando en materia sobre la rueda de prensa, lo primero que me llama la atención es su respuesta cuando es preguntado por su vuelta a Inglaterra –es la segunda vez que lo hace desde que entrena al Real Madrid-. A ello, responde: “Siento una especial atracción por volver aquí. No escondo mis sentimientos, aunque algunos no sean felices por ello. En Inglaterra, los rivales siempre son complicados y el ambiente es diferente e incomparable. Estoy feliz de estar en Inglaterra”. Respuesta muy pensada, en la que dice muchas cosas: manifiesta su atracción por el país, en primer lugar; luego, alude al hecho de que a muchos seguidores y miembros de su club no les agrade que muestre públicamente su simpatía por otro país o ciudad –siempre rivales futbolísticos-; además, alaba todo lo relativo a la competición inglesa: los rivales, y el ambiente futbolístico. Y por si todo lo anterior no fuese bastante, lo remata diciendo que se siente feliz por volver. Un mensaje perfectamente claro, aunque muchos harán oídos sordos al mismo.

A continuación, cuando se le pregunta por las diferencias entre las tres ligas europeas más importantes –italiana, española e inglesa-, vuelve a repetir que prefiere la inglesa: “En la Liga española tienes tres equipos en el top, el resto están muy distanciados. En la Premier tienes ahora cuatro equipos con probabilidades, esperando a ver el Arsenal –el quinto-, que pueden pelear por el título. Quizás es más competitiva pero las razones culturales, el fútbol y el ambiente es diferente. La prensa es diferente. He tenido la oportunidad de salir fuera de mi país, comprobar lo mejor y lo peor de cada cultura en una bonita experiencia que me ha hecho mejor entrenador”. Respecto a la liga española, aclararía yo, hay tres equipos dominantes este año, tras unos cuantos años de duopolio. Pero me parece interesante el hecho de que, a pesar de que indica que hay más competencia en la Premier League inglesa, lo que él destaca es que las razones culturales y el ambiente son diferentes –se entiende, mejores. Pero hay más, habla de lo mejor y lo peor de cada cultura. Y, aunque termina la exposición de una forma elegante, queda claro que para él la preferida es la inglesa, como había manifestado en la pregunta anterior. Refuerza así el mensaje de la respuesta anterior.

Más adelante, le indican que en la prensa inglesa ha sorprendido que Mourinho no haya sido nombrado mejor entrenador de la Liga, pese a haber logrado en la última edición el récord de goles y de puntos. Responde: “Estoy feliz con esa decisión. Podía haber sido el entrenador del año, es algo que he conseguido dos veces en Inglaterra y una en Italia. No lo soy de la última Liga y tiene más impacto no haberlo sido que si lo hubiese conseguido. Con el éxito de ganar la Liga tengo el mismo sentimiento y me quedé contento”. Aquí estaba a punto de encontrarme con una paradoja: ¿cómo es posible que sus colegas de profesión hubiesen elegido a Guardiola, quien el año pasado no ganó ni la Liga ni la Champions –en esta última tampoco llegó a la final- teniendo a sus órdenes el que se dice mejor equipo de la Historia, incluyendo al que puede ser el mejor jugador de la Historia? Los entrenadores –para eso se les paga- manejan criterios futbolísticos más variados que los de la gente de la calle, que por muchos motivos –estilo futbolístico y estilo personal, por ejemplo- votarían en su mayoría por Guardiola. Pero los entrenadores… ¿dicen una cosa en las entrevistas y luego votan otra cosa? En fin, algo no cuadraba.

La respuesta está en los criterios de la Liga de Fútbol Profesional, algo peculiares. Resulta que en la mayoría de los premios a los mejores futbolistas –portero, defensa, mediocentro, centrocampista atacante, delantero y jugador revelación- la votación la realizan los entrenadores. Sin embargo, las categorías de mejor jugador y mejor entrenador son elegidas por los futbolistas de la Liga, curiosamente. De modo que a Guardiola el premio de mejor entrenador se lo han dado los futbolistas de primera. Teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de los jugadores han sufrido en sus carnes los planteamientos tácticos de Mourinho y que, en el fondo, es lógico que la gran mayoría de ellos prefieran un estilo vistoso de juego como el que practica el Barcelona, se entiende mejor el resultado de la votación. Y también queda más claro que el desencanto de Mourinho haya sido menor, aunque sin duda el premio habría servido para engrandecer un poco más su ego. Pero, en el fondo, es como si hubiese sido un premio concedido por votación popular, más que por técnicos que valoran a otro técnico –que habría sido lo oportuno en este caso-.

Cómo no, la rueda de prensa terminó con una pregunta sobre su continuidad en el Real Madrid –no aparece en este artículo, pero sí en otros sobre el mismo tema-. Lógicamente, Mourinho eludió responder. Después de pasar gran parte de la rueda de prensa lanzando flores a los ingleses, no podía acabar diciendo el típico “tengo contrato hasta 2016”. Estas ambigüedades, o incluso coqueteos hacia posibles pretendientes, huelga decirlo, contribuyen al hecho de que no sea visto con buenos ojos por muchos de los miembros y seguidores de su propio club. Un motivo más para añadir a los anteriores.

En resumen, se trata de un personaje complejo, lo cual no es nada nuevo. Pero acabaré con una reflexión que quizá no muchos se han planteado: pese a haber pasado varios de sus primeros años como técnico profesional en el Barcelona, en unos pocos años ha logrado convertirse en el máximo enemigo de este club. Sin embargo, como ya he comentado, tampoco se ha convertido, ni mucho menos, en adalid del madridismo. Es, y siempre lo ha sido, adalid exclusivo de sí mismo. De modo que, quién sabe: si en un plazo corto o medio sus coqueteos fructifican y vuelve a entrenar en su adorada Inglaterra, por qué no una vez saciado su apetito británico, en un plazo algo mayor –pongamos dentro de diez o quince años- pudiéramos verlo entrenando al Barcelona, algo impensable hoy en día. La memoria futbolística no es eterna, y hay muchos ejemplos de ello. Tiempo al tiempo.