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viernes, 11 de enero de 2013

Nosotros y nuestros jefes


Retomando la motivación principal de este blog, es decir, comentar noticias de actualidad que tengan relación con lo que se cuenta en mi libro Las aristas borrosas del éxito (enlace aquí), hoy voy a hacer referencia a una noticia (este es el enlace) que podría decirse que es de carácter divulgativo.

En mi opinión, la noticia es en realidad engañosa, cada cual puede interpretar esta expresión como considere. La noticia aparecía esta semana en la página de portada de un diario económico de máxima difusión, y trata sobre lo que los directivos de las empresas valoran en sus subordinados –de cara a ser el preferido por tu jefe, que es lo que trata de dilucidar la noticia-. Las relaciones entre superiores y subordinados ya se han tratado en alguna otra entrada de este blog, y vaya por delante que en cuanto a su comportamiento considero al menos tres especies diferenciadas de jefes –mandos intermedios, directivos y alta dirección-, pero en el caso de esta noticia me parece relevante hacer algunos comentarios adicionales, que intentaré que sean de aplicación al concepto genérico de “jefe”, teniendo en cuenta que hay claros matices en función de la posición jerárquica del mismo.

El resumen de la noticia podría ser el que aparece en el subtítulo de la misma, esto es, que lo que los jefes prefieren en sus empleados es la honestidad, autosuficiencia y orientación a resultados, y lo que menos les gusta es el peloteo y que no se les hable claro. En el cuerpo de la misma se incluyen, por un lado, las opiniones de dos profesores de conocidas escuelas de negocios, con los que coincido en prácticamente todo, y por otro lado, las manifestaciones de varios altos ejecutivos –CEO’s y presidentes, es decir, todos pertenecientes al segmento alto de los dirigentes empresariales- con los que no coincido en casi nada. Vayamos por partes:

Los profesores de las escuelas de negocios, básicamente, hacen hincapié en el hecho de que lo que más se valora en un empleado es que aporte soluciones en lugar de problemas, que sea proactivo y que logre resultados. Más claro, el agua, aunque ahora lo redactaré de una forma maliciosa: lo que un jefe quiere es estar tranquilo, y recibir trabajo únicamente desde arriba, no desde abajo. Es decir, espera que su gente sea capaz de despachar los problemas que él les transfiera –y que al venir de sus propios jefes siempre son prioritarios- y no a la inversa. Por eso valora en sus empleados la autonomía, la proactividad y, sobre todo, la obtención de resultados concretos, para poder devolver algo tangible hacia arriba. Y, por los mismos motivos, lo que los jefes detestan es tener subordinados dependientes y faltos de iniciativa. Este tipo de personas dan trabajo extra a sus jefes, y al no trabajar orientados a resultados suelen disponer de buena cintura para esquivar, responder de forma insuficiente o incluso devolver los problemas hacia el jefe.

Estos expertos también hablan sobre los valores humanos, y la conveniencia de que estén acordes con los del jefe. Diría que eso es algo totalmente secundario a lo anterior, aunque sí es algo importante en el caso de cierto tipo de jefes, que ejercen un tipo especial de gestión de su equipo, en plan “grupo de amigos”. Este tipo de jefes, que, por supuesto, siempre priorizan lo dicho anteriormente –autonomía, proactividad, etc.-, a la vez crean entre sus empleados un ambiente de compadreo que es en realidad ficticio, ya que en el fondo cada uno sabe cuál es su trabajo, y salvo algunas excepciones no suele haber gente dispuesta a hacer trabajo que corresponde a otros, o un trabajo que no se sabe con seguridad a quién corresponde. En cualquier caso, con este tipo de jefes que gustan de crear un ambiente informal -en algunos casos, incluso tendente al cachondeo-, es importante que el empleado sintonice con el mismo. En caso contrario, será visto con malos ojos por su superior. Pero, en mi opinión, los valores humanos no son ni mucho menos lo primero que un superior considera de su subordinado.

Finalmente, los expertos hablan sobre los reconocimientos o favoritismos realizados en público. Esta parte es la que me parece más irrelevante de todo el artículo, creo que podría formar parte de un manual que se me antoja obsoleto hoy en día. Todo el que ha trabajado alguna vez sabe que los favoritismos o preferencias del jefe o jefa están más que claros para sus subordinados, se expliciten o no. Un ejemplo muy sencillo es el de la delegación forzosa: ocurre cuando un superior debe salir del trabajo, o se marcha unos días de vacaciones, y debe dejar a alguien encargado de una tarea concreta, o incluso de reemplazarle en todas sus funciones durante su ausencia. Salvo en el caso –altamente excepcional- de un superior que se dedique a rotar esta responsabilidad entre todos sus subordinados, normalmente elegirá a la misma persona –o a varias, dependiendo de la tarea en la que deba reemplazarle-. En definitiva, que la situación del jefe arengando a sus empleados para seguir el ejemplo de un compañero suena más a película de mediados del siglo pasado que a algo que pueda encontrarse en la actualidad en una empresa. Hoy en día –y me atrevo a decir que siempre ha sido así- los empleados saben quién de sus compañeros dedica sus energías fundamentalmente a buscar ser promocionado o reconocido, y en quién o quiénes deposita principalmente su confianza el jefe.

La segunda parte del artículo, que contiene lo que más valoran y lo que más detestan varios altos directivos, me parece que podría encajar igualmente en un manual que no recomendaría leer a nadie que quiera tener una idea de cómo funcionan realmente las empresas. Sinceramente, las enumeraciones “ad infinitum” de cualidades que plantean algunos de estos ejecutivos me parecen poco serias. Yo pediría a alguno de ellos que evaluase a su primera línea de colaboradores según esas cualidades, a ver qué resultados obtenía. Sin embargo, sí me parece realista que todos valoren, como lo hacían los expertos, la autonomía, iniciativa y orientación a resultados –en línea con mi razonamiento malicioso de más arriba-. También destaco la mención que se hace al miedo al error –del que también he hablado en otra entrada anterior del blog-, y a la lealtad y la confianza –que para mí constituyen lo que en realidad un directivo espera, también mencionadas en aquella entrada del blog-. Finalmente, también me llama la atención, en el primer párrafo de la noticia, la alusión a la selección natural en el mundo de la empresa, con la que coincido totalmente.